A propósito de Artaud. Acto I: Adagio, ma non troppo

Acto I

Escena 1.

(Una mujer sale sola del teatro, después de toda una muchedumbre.)

Mujer: Bueno, ¿qué?

Nadie:

Mujer: Que qué te ha parecido la obra…

Nadie:

Mujer: Ya sé que no existes, pero podrías decir algo…

Nadie:

Mujer: ¿Recuerdas aquella noche? Cuando te hablaba acerca de mi problema con el teatro, cuando te decía que me resultaba difícil creer lo que ocurría sobre el escenario porque era demasiado evidente que se trataba de una actuación, que se trataba de actores representando personajes, ¿lo recuerdas?

Nadie:

Mujer: Sí, hablamos de eso una noche, cuando existías…

Nadie:

Mujer: Pues ayer, leyendo acerca de Artaud, decía que para él el teatro no tenía que representar la vida, sino ser la propia vida. Artaud quería sobrepasar los límites de la re-presentación, destruirlos. Pero ayer no te lo pude decir, porque no existías.

Nadie:

Mujer: Es difícil acostumbrarse a tus silencios. Y a los míos: lo de hablar con nadie sólo lo dejo para ocasiones especiales. Como esta noche, en que sé que no existes, pero ojalá existieras.

Nadie:

Mujer: Sí… Ojalá. Ojalá. ¡Ojalá! …  Ojalá es una palabra que se sueña y se desea mucho más de lo que se escribe. Y cuando se escribe resulta extraña, ¿verdad? Ojalá. Sí, es una palabra que escrita es extraña. Extraña por infrecuente, pero al menos no absurda como son todas esas palabras cotidianas, que no significan nada, que sólo son una excusa para existir, pero que paradójicamente esconden la existencia. La camuflan. La convierten en una existencia a medias, vacía, en una existencia disfrazada de rutina, para no ofrecerla así, desnuda, porque la desnudez da pudor… Creo que ya me he puesto a divagar. Disculpa, debo estar empezando a aburrirte, ¿no?

Nadie:

Mujer: A veces abuso de tu inexistencia, y creo que puedo hacer con ella lo que quiera, y contarte todo aquello que te habría dicho, si existieras.

Nadie:

Mujer: Si hubieras existido hoy, por ejemplo, me habría gustado contarte que estaba dolida. Que he ido acumulando heridas durante este día precioso, lleno de sol, de flores, de risas de niños que juegan, y de cosas que duelen. Te habría contado que, para contrarrestarlo, he ido caminando muy derecha, con paso alegre y sonrisa amplia, como para darle al dolor un poco de miedo, y que me viera muy segura de que con él puedo, aunque entre tú y yo, no lo estaba tanto. Y he soñado ojalá. A veces funciona, hoy no. Así que des-sueño ojalá. Mañana. No, mañana tampoco. Ojalá.

Nadie:

Mujer: Claro que, si existieras, no habría hecho falta decírtelo,  tú lo sabrías;  conoces cómo siento porque sientes parecido.  Y entonces yo no tendría que soñar ojalá mientras brinco fingiendo ser más grande que mi pena, como una actriz que comienza re-presentando por si logra terminar siendo, siendo más grande que esa pena, soñando ojalá para tener que des-soñarlo después…  Porque, si conocieras cómo siento, te reconocerías, en mí, y yo me reconocería, en ti, y de una forma o de otra sabrías encontrar la manera de existir. Y  existirías. Existiríamos.

Nadie:

Mujer: ¿Verdad?

Nadie:

(Fin de la escena primera)

 

Texto: Patricia Lodín

Fotografía: Collage de Dave Mc Dermott, cortesía de fictionrede

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s